Nada es lo mismo

Tras la espera de que llegue el momento, el fin de la jornada, el fin de semana, las vacaciones, la jubilación. Grave, es que día a día y año tras año, no nos saciamos con esos momentos tampoco. Llega ese instante y empieza el temor. El temor al lunes, el temor a la reincorporación de verano, el temor a tener tiempo sin aprovechar, temor a que se acabe. Sobretodo lo peor, es comparar. Comparar con el fin de semana anterior, con las vacaciones de un año ya lejano. Inclusos comparar con la vida de otro. O mucho peor, con la vida que nunca existió. La que pudo haber sido. No nos damos cuenta, que nada es lo mismo. Que tenemos tiempo a invertir y que un día miras atrás y las personas de antes ya no son las mismas. O incluso ya no están. Nos nos damos cuenta, pero el tiempo se nos antoja una pesada carga que tratamos de dejar a buen recaudo. Para gastar, o malgastar, en otro momento. Que ilusos. La ilusión de fijar las manillas del reloj, estancadas en una época que...